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El fin de una era: ¿Qué estuvo bien y qué estuvo mal en Star Wars: El Ascenso de Skywalker? (CON SPOILERS)

El fin de una era: ¿Qué estuvo bien y qué estuvo mal en Star Wars: El Ascenso de Skywalker? (CON SPOILERS)

El Episodio IX marcó el cierre de una historia que inició hace 42 años y, aunque no pudo reunificar a los fanáticos de la saga, no falló en recobrar la esencia perdida en The Last Jedi. El final de una batalla abierta, el show de la nostalgia, emoción hasta las lágrimas y la gran despedida para el público tradicionalista de Star Wars. Con la conclusión de la Saga Skywalker, comienza a desandarse un nuevo universo.
El Episodio IX marcó el cierre de una historia que inició hace 42 años y, aunque no pudo reunificar a los fanáticos de la saga, no falló en recobrar la esencia perdida en The Last Jedi. El final de una batalla abierta, el show de la nostalgia, emoción hasta las lágrimas y la gran despedida para el público tradicionalista de Star Wars. Con la conclusión de la Saga Skywalker, comienza a desandarse un nuevo universo.
Por Damián Herrera

Por Damián Herrera

Twitter: @damiherrera Instagram: @damiherrera91

Por Damián Herrera

Por Damián Herrera

Twitter: @damiherrera Instagram: @damiherrera91

Concluir una saga nunca es fácil, y menos cuando se trata de una tan convocante, con un mundo de fanáticos tan inmenso como heterogéneo detrás, como es el caso de Star Wars. La Guerra de las Galaxias, o al menos su historia principal – la que seguía las aventuras de los diferentes linajes de Skywalker en la Galaxia muy, muy lejana – ha llegado a su fin. Con ella, se van 42 años de expectativa y maravilla, pero quedará para siempre en los corazones de todos sus seguidores la emoción de haber sido parte de este ciclo tan increíble.

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Su noveno episodio, El Ascenso de Skywalker (The Rise of Skywalker), podrá no ser esa película unificadora que estábamos esperando, esa solución a la grieta sin precedentes que The Last Jedi había dejado en el fandom, pero sí es una colosal, épica, y bien pensada conclusión a la trama central de la franquicia. Una que nos devuelve a ese camino del cual Episodio VIII quiso separarse con resultados tan dispares. Un cierre que permite que el viejo ejército de fans podamos irnos con la sensación de ciclo cumplido, y que ahora todo se enfoque en la captación de nuevos seguidores, utilizando elementos de lo que vimos en esa prueba piloto que resultó ser el film de Rian Johnson.

¿Qué nos dio Star Wars: The Rise of Skywalker? Vayamos por partes y de menor a mayor…

📛 Lo cuestionable: errores de continuidad, falta de coherencia con las películas originales y la inevitable liviandad de Disney

Como ya lo había adelantado en mi comentario sin spoilers, la última entrega de la trilogía de Disney comete muchos errores del mismo tipo que se les podían achacar a sus antecesoras. Hay un desbalance absoluto en las habilidades de los portadores de la Fuerza (poderes inflados y otros que parecen ser sacados de la galera para conveniencia de la trama tanto en los Jedi como Sith, como las habilidades curativas o proyecciones físicas hacia otros espacios).

Algunos de los mayores problemas de la película y la trilogía Disney radican en la falta de estudio de la saga original.

También, tenemos un fuerte desajuste cronológico en algunas secuencias y cuestiones clave que, con un mejor análisis de las cintas originales, pudieron haberse pulido en el guion final de esta novena parte de la saga. Posiblemente, la más criticable de estas desatenciones haya sido la inclusión de tantos personajes conocedores del trasfondo de los Sith (tanto de la especie, como de los Jedi caídos).

Algo que, aun obviando el desechado Universo Expandido y aplicando leyes del canon oficial de las películas, no tendría sentido: la Regla de Dos supuso mil años de olvido para estos guerreros del Lado Oscuro y su revelación en La Venganza de los Sith fue solo hacia los Jedi. Por esa razón no hay mención alguna de los Sith como tal en la trilogía original, ya que Palpatine y Vader se proclamaron como Emperador y General, nunca como Sith. Lo que significa que sería casi imposible encontrar a un grupo de soldados rebeldes, que nunca tuvieron adoctrinamiento Jedi o enseñanzas de la Fuerza, capaces de conocer tantos detalles sobre esbirros del Lado Oscuro extintos hace más de mil años. Mucho menos, todo un ejército.

El rol de Finn dentro del film es muy pobre. El personaje había crecido un poco en The Last Jedi, pero ese desarrollo no estuvo en el Episodio IX.

Ahora, en una Galaxia donde el conocimiento cada vez está más proscripto, da la sensación de que no hay un solo personaje que desconozca a los Sith. Y eso sin mencionar que no había manera viable de que C3PO tuviera una programación contra la lengua Sith, ya que su creador fue Anakin Skywalker, que nada sabía al respecto de esta raza (y no, nunca reprogramaron a C3PO. Solo borraron su memoria al final del Episodio III).

En cuanto a la liviandad de esta trilogía, no necesariamente debe considerársela como un error, pero sí como una constante en las tres películas. Los seis episodios originales tenían tramas y subtramas, y esas subtramas tenían sus propias tramas y subtramas. La complejidad de Star Wars abarcaba desde la ópera espacial, el camino del héroe, el amor, la redención, la religión, la política, la economía de guerra, táctica, estrategia y tantas cosas más. Ahora tenemos conflicto casi por el conflicto mismo.

Otro que no llegó a convencer en la trilogía fue Poe Dameron. Tres enfoques diferentes en los Episodios VII, VIII y IX. Ninguno dio resultado.

Muestra de esto, sin ir tanto más lejos, es la intro de este noveno episodio: “La voz del Emperador apareció en una transmisión”, “Rey entrena”, “Kylo Ren quiere ser el Líder Supremo más poderoso”. ¿Dónde está el trasfondo?, ¿Dónde quedó el contexto?… pero quizá ello se deba en gran medida al nuevo target al que apunta Star Wars.

Ya se los dije acá, la saga dejó de tener como destinatarios a los que la seguimos desde hace tantos años. Ahora busca (y debe buscar) nuevos horizontes, nuevos receptores de ese fanatismo. Y eso se logra bajando el rango etario de sus pretensiones. Pronto llegará una nueva trilogía de Rian Johnson, seguramente mucho más parecida a The Last Jedi, película de la que este Episodio IX se alejó considerablemente. Este era nuestro cierre, nuestra despedida.

Rey es la nieta de Palpatine. Junto con Ben, son los personajes cuyo linaje atraviesa toda la saga.

Lo último del tintero, y algo que muchos consideraron como un error cronológico de la cinta… ¿Puede Rey ser la nieta de Palpatine si Kylo Ren es nieto de Anakin? La respuesta es sí. No tenemos que olvidar que tanto en las películas originales, como en el Universo Expandido, como en el nuevo Canon, nos queda claro que los humanos nacidos en Naboo tienen un envejecimiento un poco más estirado que el resto de esta especie.

Por ejemplo, Padmé es cinco años mayor que Anakin y, si bien él la conoce en su adolescencia siendo un niño, en el Episodio III, ya siendo adultos ambos, el aspecto de ella es mucho más juvenil. Debemos suponer, entonces, que la expectativa de vida de los nativos de Naboo es lo suficientemente prolongada como para tener descendencia bastante entrados en años. Así, Palpatine contaba con 99 años al momento del nacimiento de Rey (según los datos oficiales de Star Wars) y, a pesar de un look zombie y algún que otro cable por ahí, aún se conservaba.

📛 Lo sólido: un regreso necesario, mejor construcción de personajes y la caricia a los fanáticos de siempre

No había razón alguna para que la franquicia de Star Wars estuviera en debe con sus fanáticos, pero sí que algo no había encajado del todo con la película anterior. Todas las sagas, desde la primera hasta la última que alguna vez haya pasado por el cine, tuvieron – al menos – una baja en el camino. En el caso de la Guerra de las Galaxias, muchos sentimos que The Last Jedi había sido esa puñalada en el corazón de los que siempre habíamos caminado a la par de los héroes y villanos del universo creado por George Lucas. Nos había, cuanto poco, ultrajado. Al entregarnos una película decepcionante, que no cumplía con los estándares de Star Wars y que se alejaba muchísimo de los conceptos validados de la historia, Disney se había ganado nuestra crítica (e, incluso, un pedido por la cabeza de Rian Johnson).

The Rise of Skywalker fue a la carga contra todo aquello que el Episodio VIII dejó flojo en la saga.

Sin embargo, cuando la compañía del ratón se estableció con firmeza en entregarle al propio Johnson el futuro de la franquicia post-Episodio IX, supimos que era hora de asimilar que esto sería Star Wars de acá en más: un mundo con personajes grises, que deambulaban entre lo correcto o lo incorrecto sin el mayor dilema moral, con una trama lavada de elementos de conflicto y de mensajes críticos que fueran más allá de lo argumental. Un Star Wars donde los Jedi y los Sith ya no tenían cabida, una Galaxia donde ese peligro de extinción había trascendido las páginas del libreto. Un Star Wars que no estábamos (ni tampoco estamos aún hoy) seguros de querer. Pero que, más allá de cualquiera de nuestros deseos, será realidad en breve.

En concepto, los Caballeros de Ren parecieron estar más cerca de ese plan futuro de Star Wars que dentro de la Saga Skywalker.

Pero, para ello, había que cerrar un círculo abierto. Uno que estaba allí hace 42 años. Y del cual nos habíamos alimentado, al menos, dos generaciones muy distintas de fanáticos: la eterna (o ya no tanto) lucha entre el bien y el mal, entre la Luz y el Lado Oscuro, entre los Jedi y los Sith. Y vaya que El Ascenso de Skywalker encontró la manera de hacerlo: trayendo nuevamente a escena al verdadero villano de la saga, el Emperador Palpatine – el único e incomparable Darth Sidious. Un personaje que, a cuenta de lo poderoso que se nos había dicho que era, tanto en la trilogía original como en las precuelas, lo vimos muy poco en el Retorno del Jedi y nos dejó con ganas de más en los Episodios I a III (sobre todo en La Venganza de los Sith).

Este titán del Lado Oscuro merecía su regreso y, aunque – como ya lo dije más arriba – faltó un mayor trabajo de construcción para su vuelta, eso no quita que no haya sido completamente épico. Sobre todo, porque una aparición así siempre tiende a equilibrarse con un gran aumento de las posibilidades del otro lado, en este caso la Luz.

Al igual que Luke, Rey no completó su entrenamiento y aún así se consagró como una verdadera Jedi.

Y esa luz es la que está sobre Rey. En esta novena entrega, ya se ha alejado completamente de su rol de carroñera y sus conflictos sobre Kylo están mucho mejor operados que en The Last Jedi. Sus escenas de entrenamiento juegan mucho con la nostalgia de El Imperio Contraataca y El Retorno del Jedi, pero el agregado de que su maestra sea Leia no deja de darle frescura e intriga para lo que vendrá más tarde en la película.

Otro de los personajes que parece estar sentado en un mayor nivel de construcción es, sin duda, Ben Solo/ Kylo Ren. Si bien ya habíamos visto sobre su personalidad disociada, enfermiza y verborrágica durante las dos cintas anteriores y con mayor énfasis en The Last Jedi, The Rise of Skywalker absorbe eso y lo focaliza en la dicotomía de sus deseos más profundos: “¿poder o perdón?”. Pero ese trabajo de llenamiento de su figura no se interpone en su desarrollo dentro del largometraje como sí pasa con Poe Dameron y Finn, asechados por “el pasado” y “la identidad”, respectivamente, y reducidos a papeles muy secundarios con el fin de perseguir estas notas.

El trabajo realizado en torno a Ben/Kylo en este último capitulo de la saga es una de las joyas del argumento.

Por otro lado, los elementos más atrapantes del Episodio VII que habían sido burdamente descartados como válidos en Los Últimos Jedi fueron recapturados y salvados con gran altura. El respeto por el sable láser, la genealogía de Rey, la devoción de Kylo por la máscara de Vader y tantos otros conceptos en los que el manejo de Rian Johnson no había sido del todo prolijo sí dieron la talla en la última parte de la trilogía y de la saga.

Además, tuvimos un duelo increíble entre Rey y Kylo en las ruinas de la segunda Estrella de la Muerte, con grandes mareas azotando el ambiente. Una reposición a la falta de lucha en el Episodio VIII, que deliberadamente eliminó la esencia misma de las películas de Star Wars. Curiosamente, el contexto de esta última confrontación de esgrima influenció la reminiscencia a otra gran batalla de la saga: el choque entre Anakin Skywalker y Obi-Wan Kenobi.

La épica confrontación entre Rey y Kylo en las ruinas de la segunda Estrella de la Muerte.

Un doble mensaje de recuerdo a los cierres de las dos trilogías anteriores y una contienda que quedará entre las mejores de la saga por una coreografía estupenda.

📛 Lo épico: voces del más allá, “Yo soy todos los Jedi” y un cierre emotivo a la Saga Skywalker

¿Por qué sostengo que Star Wars: El Ascenso de Skywalker es una gran película si daría toda la sensación de que lo negativo superó a lo positivo en este repaso? Muy sencillo, ésta sí es una película de Star Wars.

Posiblemente, si se trata de un lector demasiado joven o de alguien que no recuerda lo que nos transmitían las cintas originales al verlas en el cine, no entenderá por qué hago tal afirmación. Sin embargo, toda la concatenación de elementos de Star Wars no hacen por sí solos una película de Star Wars. La Guerra de las Galaxias siempre tuvo un espíritu que se imponía a lo que estábamos viendo, una fuerza (y vaya palabra) que tiraba del argumento y de cada escena y nos decía “sentí ese poder”. Y esa sensación fue muy escasa con El Despertar de la Fuerza y nula con Los Últimos Jedi. Pero esa gloria y esa pasión invasora de fanatismo sí fueron bien plasmadas en El Ascenso de Skywalker.

The Rise of Skywalker nos devolvió la esencia misma de Star Wars: la lucha entre la Luz y la Oscuridad.

Habrá quienes encuentren en el cameo de Lando Calrissian, en la aparición de Han Solo, en el sacrificio de Leia, o en las palabras de Luke sobre el respeto al arma de un Jedi un increíble dejo de fanservice. Y efectivamente lo es: como ya lo expliqué en este otro post, Star Wars es fanservice. Y probablemente las próximas aventuras en la Galaxia muy, muy lejana se aparten de esa idea y cobren mayor frescura con un Rian Johnson ahora sí dispuesto a triunfar con un público diferente. Un público que acepte su juego, sus reglas, su carencia de elementos tradicionalistas de Star Wars. Pero esos ya no serán los mismos que amamos y defendimos a puntazos de sable láser la saga tantos años. O tal vez sí, pero ese contenido no va a estar enfocado en captar nuestra atención, como sí lo buscó El Ascenso de Skywalker.

La nostalgia es un arma poderosa en estos tiempos de remakes, reboots, sagas retomadas luego de mucho tiempo, y algunas que nunca se fueron pero que tuvieron que readaptarse a las nuevas generaciones. Pero no necesariamente está siempre insertada de manera correcta dentro de la trama. En este caso, ambas cosas funcionan en consonancia con la historia que nos están mostrando. No son decisiones al azar.

Uno de los cierres más emotivos de este ciclo fue el de Leia, con el gran impacto aún por la muerte de Carrie Fisher.

Reconocer las voces de Anakin, Obi-Wan, Qui-Gon, Mace Windu, Ashoka, Luke o Yoda cuando todo parecía perdido en Exegol me dejó de 14 años nuevamente. La redención de Kylo y su lucha final contra los Caballeros de Ren fue una revancha para mi corazón estrujado por la caída de Anakin al Lado Oscuro en La Venganza de los Sith. Como así también la muerte de Ben, despojado completamente de su corrupción de Kylo Ren, en los brazos de Rey empardó de manera sublime la despedida de Luke de su padre en El Retorno del Jedi. Pero todo eso tuvo su consistencia con lo que estábamos viendo. No fue una inserción desprovista de sentido.

Porque, seamos sinceros, si esa increíble frase de Rey antes de acabar de una vez por todas a Darth Sidious no te llegó al corazón, no te tocó una simple fibra del cuerpo… querido lector, tengo que decirte que jamás sentiste amor verdadero por Star Wars. Porque así como Rey fue todos los Jedi en ese momento, también todos fuimos Rey blandiendo ambos sables azules para contraatacar. Y si eso te pasó, al igual que a mí, no hay ningún análisis que sea necesario para saber – muy internamente – que Star Wars: El Ascenso de Skywalker no sólo es una gran película, sino que se ganó su lugar en el podio de las mejores de la saga, junto con El Imperio Contraataca y La Venganza de los Sith.

Rey fue todos los Jedi, y todos fuimos Rey.

Ya habrá tiempo para que nuevos fans encuentren satisfacción en un nuevo Star Wars, uno adaptado a lo que la modernidad impone. Uno con personajes menos configurados, con historias más juveniles, con una mayor inserción de comedia, diseñado para quienes no quieran bagaje sino aceleración. Para quienes se sientan interpelados por figuras que no defiendan ideales, sino que caigan en el contexto galáctico y se echen a andar como si se tratase de cualquier otra ópera estelar. Para quienes sientan el alivio de que sus protagonistas no se cuestionen las consecuencias de sus actos. Ya habrá tiempo para eso.

Pero esto – al menos todavía – era una historia de Star Wars. Y una grandiosamente contada. El final de una era, nuestra era. El futuro es incierto. Pero de algo estoy seguro: la Fuerza nos acompañará… Siempre. Hasta el final de nuestros días.

✅ Participá: ¿Te gustó Star Wars: El Ascenso de Skywalker?

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Sí. Es la película que estaba esperando.
No está mal, pero no es lo que esperaba.
No me gustó. Estuvo muy por debajo de mis expectativas.
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