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¿Por qué los villanos sin poderes son un recurso tan exitoso en la industria de los superhéroes?

¿Por qué los villanos sin poderes son un recurso tan exitoso en la industria de los superhéroes?

El prestigio de los antagonistas meramente humanos es uno de los fenómenos más extraños del mundo de los cómics. Todos o casi todos los justicieros han tenido, al menos una vez, uno de ellos enfrente. En algunos casos, incluso, estos se han transformado en legítimas leyendas. ¿Cuál es el encanto oculto de estos personajes? Acá, una posible respuesta…
El prestigio de los antagonistas meramente humanos es uno de los fenómenos más extraños del mundo de los cómics. Todos o casi todos los justicieros han tenido, al menos una vez, uno de ellos enfrente. En algunos casos, incluso, estos se han transformado en legítimas leyendas. ¿Cuál es el encanto oculto de estos personajes? Acá, una posible respuesta…
Por Damián Herrera

Por Damián Herrera

Twitter: @damiherrera Instagram: @damiherrera91

Por Damián Herrera

Por Damián Herrera

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Desde que empecé a leer cómics, hace ya muchos años, mis villanos favoritos siempre fueron Lex Luthor y el Guasón. En aquel tiempo, sin ser siquiera adolescente, quizá no llegaba a comprender toda la profundidad de esos personajes. Pero, de todas formas, siempre supe que había algo en ellos que el resto no tenía. Y no sé relacionaba con el hecho de que fueran los oponentes número uno de Superman y Batman, los héroes más grandes de todos los tiempos. No, había algo más en estas dos figuras que me motivaba a reencontrarlos en la siguiente página o en el siguiente tomo.

Lex Luthor y el Guasón son los villanos insignia del Universo DC.

Al crecer, repasé muchas veces esas historias, con otro enfoque y con una mirada más crítica (no sólo de los cómics sino también de la vida). Así, entendí que ese valor agregado que ambos tenían venía de la imprevisibilidad de ser como cualquier otra persona. No había un misticismo en ellos, ni tampoco una vuelta de fantasía que les diera un motivo extra para ser malvados. No eran dioses, como Kal, ni hombres exiliados de su humanidad, como Bruce. Sus pulsiones venían de situaciones a las que cualquiera de nosotros nos podemos enfrentar en cualquier momento.

Lex, el hombre más inteligente y capaz de su era, sentía celos de Superman. Su megalomanía se nutría del rencor que lo atormentaba porque un alienígena, sin mayor esfuerzo, le había robado su derecho de ser el hombre más remarcable de la historia.

Si bien ambos resultan muy incompatibles entre sí, los encuentros entre Lex y el Guasón son siempre muy interesantes.

Por su parte, el Guasón era alguien que fácilmente se podía catalogar como un demente, aunque muy lejos estaba de ser tan simple. Aquel payaso sociópata era un paria. Una ficha que jamás encajó en las representaciones que la sociedad tiende a imponer sin importar qué pasará con aquellos que no se adapten al sistema. El producto de la anomia por no pertenecer ni saber cómo lograrlo.

Así como estos sublimes personajes se erigieron durante las eras de DC e inspiraron a la aparición de más antagonistas de este estilo; hace algunos años, pude encontrar finalmente parte de esa fórmula maravillosa replicada en Marvel. La Casa de las Ideas no suele aplicar tan seguido la fórmula del villano sin poderes y menos si no hay un contexto dentro de la historia que lo sustente.

William Stryker es el caso de un villano humano, requerido por el contexto de la historia.

Por ejemplo, William Stryker – que bien podría ser uno de ellos – es un humano ordinario (y no tanto, ya que en varios cómics aparece con implantes biónicos) pero está inserto dentro de un discurso de odio racista hacia los mutantes. Esto hace que sus características humanas sean conveniente para la trama y no es algo tan orgánico. Pero ese no es el maravilloso caso de Helmut Zemo y Wilson Fisk, figuras que me cautivaron dentro del Universo Cinematográfico, con sus apariciones en Avengers: Age of Ultron y Daredevil. Ambos personajes me hicieron creer que esta fórmula también puede ser un éxito en Marvel.

El primero, un hombre consumido por el dolor, que decide volcar toda esa pena hacia los primeros responsables de su desgracia que puede encontrar, los Vengadores. Iniciando así su campaña contra los defensores de la Tierra. Héroes que eran la única razón tangible en la que podía justificar su necesidad de odiar, en el contexto más recalcitrante de su vida tras perder a su familia. A quién más culparía, si ya nada le quedaba.

Helmut Zemo y Wilson Fisk son los dos villanos mejor construidos del Universo Cinematográfico de Marvel.

Con el prominente Kingpin de la serie Daredevil, la historia era el punto era similar, pero desde otro ángulo: un hombre enfrentando un golpe (o, mejor dicho, muchos). Obligado a crecer en uno de los lugares más violentos del mundo, Wilson debió endurecer su cuerpo y su alma para respirar otro día. Aprendió a inspirar el miedo que el mismo sentía en otros, hasta convertirse en el mayor jefe criminal. Y, nuevamente, aquel terror por perderlo todo volvió a despertar al monstruo cuando Matt Murdock lo acorraló.

Claramente, siempre tuve una fuerte atracción hacia esta clase de oponentes cuya fortaleza no radica en sus poderes, sino en la verborragia de sus capacidades humanas. No es casualidad que prefiera a un Max Lord a un Steppenwolf o a un Adrian Toomes a un Dormammu. Pero las estadísticas mandan y parece que no soy el único que tiene esta mirada sobre el mundo de los supervillanos.

A Adrian Toomes ya lo vimos en Spider-Man: Homecoming, mientras que Maxwell Lord debutará en el DCEU este año, en Wonder Woman 84.

Tampoco es que deteste a los malos omnipotentes. Adoro a Darkseid, Doomsday, el Anti-Monitor, Galactus, Onslaught, Mefisto, y tantos otros. Ni hablar que me encantó el tratamiento increíble que algunos de esos dioses del mal como Thanos o Magneto tuvieron en esta era cinematográfica, exprimiendo tanto su poder como sus motivos desde un aspecto humano y social. Pero, de todas maneras, creo que los villanos humanos siempre tendrán un plus del cual los súper carecen.

Marvel había encontrado al villano definitivo humanizando a Thanos en Infinity War. Lo desaprovechó con su pobre desarrollo en Endgame.

Cuando se introduce en una historia a individuos como Lex, el Guasón, Zemo o Fisk y se plantea que sentimientos tan dentro de lo común como la vergüenza, el aislamiento, el dolor o el miedo pueden desencadenar actos tan malignos y dramáticos, se crea un ambiente de terror sin igual con el lector o espectador. Un contexto en el que nos damos cuenta de que los verdaderos monstruos están a nuestro alcance y que son menos diferentes de nosotros mismos de lo que pensábamos. Y es más que aterrador saber que podemos ser como ellos en muchos aspectos de nuestras vidas.

Eso es lo que construye a un villano completo y a un oponente formidable para nuestros héroes. Un antagonista que tiene argumentos sólidos para pararse frente al que porta una capa y estar determinado a acabar con él. Una figura que pone en juicio no solo los valores del personaje principal, sino también de los que estamos leyendo un cómic o viendo una película. Un malvado que nos interpela desde el razonamiento y nos pone tan a prueba como al propio justiciero. Basta con repasar la mítica secuencia entre Lex y Superman en aquella azotea de Metropolis en Batman v Superman: Dawn of Justice para entender de qué estoy hablando. A fin de cuentas, no hay mejor villano que ese que nos deja con la pregunta “¿Es realmente un villano?”.

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Sobre buenos, no tan buenos y grises, todo está en el gusto personal. Pero no hay duda que los antagonistas sin poderes siempre han estado un peldaño por encima del resto para los propios guionistas y productores de la industria. ¿Será que no hay nada peor que un simple humano?…

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