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El camino así es: The Mandalorian, presente y futuro para Star Wars

El camino así es: The Mandalorian, presente y futuro para Star Wars

La serie de Disney+ explora viejos y nuevos rincones de la Galaxia en una época que no había sido tenida en cuenta en producciones anteriores. Con personajes construidos con maestría, misterios que nos atrapan al instante, y una trama que se sostiene por sí misma, es el éxito actual de la franquicia y puede ser la entrada a mucho de lo que veremos en los próximos años. ¿Por qué es tan buena El Mandaloriano?...
La serie de Disney+ explora viejos y nuevos rincones de la Galaxia en una época que no había sido tenida en cuenta en producciones anteriores. Con personajes construidos con maestría, misterios que nos atrapan al instante, y una trama que se sostiene por sí misma, es el éxito actual de la franquicia y puede ser la entrada a mucho de lo que veremos en los próximos años. ¿Por qué es tan buena El Mandaloriano?...
Por Damián Herrera

Por Damián Herrera

Twitter: @damiherrera Instagram: @damiherrera91

Por Damián Herrera

Por Damián Herrera

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Cada vez que surge un nuevo spin-off de Star Wars, la franquicia más trascendental de la historia de la ciencia ficción, siempre tengo sensaciones encontradas. Por un lado, el deseo de regresar a la galaxia muy, muy lejana para vivir una nueva aventura. De reencontrarme con el terreno que ya conozco tras toda una vida de fanatismo, y de volver a percibir toda esa gama de factores que hacen a la Guerra de las Galaxias mi épica espacial favorita por siempre. Del otro lado de esta emoción, está el anhelo por ver un producto que se sostenga por sus propios argumentos. Que guarde una calidad lo suficientemente alta como para no depender del gran logo que tiene en su marquesina y no que sea una pobre producción que se la considere un éxito solo por llevar “Star Wars” en su título.

La primera serie live-action de Star Wars combina elementos tradicionales con la expansión hacia nuevos horizontes.

Gracias a la Fuerza, The Mandalorian es una serie que cumple con ambas premisas. Nos presenta una verdadera historia de Star Wars (sí, estoy escribiendo esto todavía frotándome la frente por el desastre de Solo), con elementos reconocibles y algunas de las referencias más específicas del canon actual y también del viejo Universo Expandido, ese que ahora insensiblemente llaman Leyendas. Pero también brilla con luz propia y enaltece a nuevas figuras dentro de la rica mitología creada por George Lucas.

La acción no falta en la serie de Disney+, pero también hay episodios de instrospección y un gran desarrollo de los personajes.

El decantar de las diferentes edades de la Galaxia es palpable en el accionar y en el discurso de los personajes que transitan por los ocho episodios y, a través de menciones u omisiones, podemos sentir aquella tensión social y política que tenían las seis cintas originales (algo que perdió intensidad en la nueva trilogía). Y, al mismo tiempo, se adueña de una narrativa atrapante, una cadencia que nos sumerge en el deseo de saber qué va a pasar a continuación, construye muy bien a sus protagonistas y a su entorno, y maneja con soberbia los momentos de sprint y calma en todos los capítulos.

“Mando” y “El Niño”, alias Baby Yoda, son los protagonistas de esta historia que llega para impulsar una nueva era de la franquicia.

Aun si eliminásemos todos los elementos propios de la Guerra de las Galaxias y la serie se tratase de un cazarrecompensas de una raza humanoide “X”, en una serie de planetas “Y” que atraviesa en un periodo de transición entre tiranía y una débil democracia, con un pequeño alienígena con poderes “Z”, seguiría siendo una historia buena en sí misma. Y ese es el valor añadido de The Mandalorian, distanciándose de lo que vimos en Rogue One y en la olvidable precuela del más grande piloto corelliano. Ahí reside la riqueza de la obra de nuestro querido Jon Favreau para Disney+.

La magia de los nuevos y buenos personajes

The Mandalorian nos presenta a Din Djarin, un cazarrecompensas cuya misión para un cliente imperial lo llevará a encontrarse con “El Niño”.

Star Wars se hizo grande por la fuerza de sus películas, pero se volvió inmenso gracias al aporte de las historias mínimas. De eso no hay ninguna duda. Tanto en el viejo Universo Expandido como en el Canon actual, los relatos secundarios en cómics, novelas y series animadas se encargaron de hacer llegar los impactos de las guerras a los rincones más remotos de la Galaxia, mostrándonos cómo las decisiones e intervenciones de personajes emblemáticos como Yoda, Obi-Wan, Luke, Leia, Vader, Palpatine o Rey afectaban a todos los sistemas. Y es esa tónica maravillosa la que afecta a los acontecimientos y protagonistas de The Mandalorian.

Durante la serie, vemos cómo una parte del gran clan mandaloriano sobrevivió al Imperio ocultándose en el borde de la Galaxia.

El Mandaloriano, “Mando” o Din Djarin (como nos enteramos que se llama recién en el octavo capítulo) es una figura construida a partir de los acontecimientos de la saga original. No solo porque su planeta fue arrasado por el Imperio durante la Gran Purga y él fue rescatado por los miembros de la Death Watch mandaloriana, que lo acogieron como un expósito, lo criaron bajo su credo y lo volvieron parte de su clan. Sino también porque esos rasgos solitarios, de dualidad bajo un código de honor, y con una impronta de antihéroe absoluta, son la representación de lo que los años más crudos del avance imperial fomentaron en algunos sectores de la población galáctica.

La impronta de los protagonistas de The Mandalorian representa a la perfección al momento en el que la tira transcurre.

A Din se le da un tono de marginado, de alguien que debió resolver su camino por sus propios medios mientras los que vivían en los sistemas centrales se debatían entre República e Imperio, llevando desidia, hambre y tristeza a los puntos más alejados. Su desconfianza, su inconformismo y su dificultad para relacionarse con otros parten de esta construcción socio-cultural del personaje. De la misma manera, podemos reconocer el dolor y las heridas emocionales de la posguerra en las participaciones de Kuiil y Cara Dune, cuyas vidas al servicio del Imperio y la Alianza Rebelde los marcan aún en tiempos de paz. Y hasta en los oportunistas Greef Karga y Tolo Calican (aunque éste solo haya durado un episodio) podemos apreciar las implicancias de la instancia temporal en la que se aloja el programa.

La oscuridad más allá de la crisis en la Galaxia

Miembros del Imperio aún rondan por los remotos pasillos de la Galaxia aprovechando la poca estabilidad social.

En The Mandalorian, podemos encontrarnos de manera muy sutil con parte de aquello que nos quedó pendiente en la nueva trilogía y, sobre todo, podemos reconocer cómo la mano del Emperador Palpatine siempre estuvo presente desde las sombras. Aunque lo vemos desde un espectro muy recortado, visualizamos a diferentes emisarios del Imperio, que operan en bases pequeñas y con acciones socialmente indistinguibles para desestabilizar a la joven y frágil Nueva República. Sin embargo, es algo implícito que todos esos esfuerzos responden a una todavía solida organización jerárquica. No son ataques aislados y es más que posible que ya desde ese momento (unos tres años después de la Batalla de Endor), Darth Sidious fuese quien lideraba toda esa operativa desde su trono en Exegol o en algún otro punto de los sistemas desconocidos.

En los últimos episodios de The Mandalorian, vemos que la organización del Resto Imperial no se quebró en la Batalla de Endor.

Por lo que The Mandalorian no solo es el escenario en el que veremos el nacimiento de la Primera Orden como nos habían contado previamente sus realizadores. La serie, también, revelará muchas de las verdades detrás de la conspiración de Palpatine que conocimos en The Rise of Skywalker. Seguramente, el desentramado de la posición que ocupa Moff Gideon en este Resto Imperial sea la clave que nos llevará hasta la fuente de esa fuerza. Y, aunque lo veo poco probable, ojalá sean las próximas temporadas de la serie las que funcionen de ventana para el regreso de Snoke a la pantalla y podamos tener así un cierre digno con un personaje que, a priori, se había mostrado muy intrigante en el universo de Star Wars.

Baby Yoda y el secreto del éxito para Disney

El tierno Baby Yoda es un personaje mucho más profundo de lo que parece.

No hay que ser inocentes y pensar que la aparición de ese pequeño y poderoso ser verde no esconde una enorme movida de marketing de la compañía del ratón, que se relame con los gigantescos ingresos de merchandising que tendrá con el personaje durante años. Sin embargo, a diferencia de BB-8 o D-O (los droides creados para la nueva trilogía de películas), Baby Yoda – no hay mejor manera de llamarlo, ya que ni en el Canon ni en el UE se nos dijo cómo se llamaba la raza o el planeta natal del Gran Maestro Jedi – no es solamente un lindo peluche como para tener en la repisa de colección. “El niño” se inserta en The Mandalorian aportando una enorme intriga y momentos cruciales para la trama.

Aunque se nos presenta como “El Niño”, este personaje ya fue oficialmente bautizado por los fanáticos como Baby Yoda.

Capítulo a capítulo queremos saber más sobre él: ¿Es un hijo perdido de Yoda?, ¿Es un clon del Maestro?, ¿Cómo tiene tanto poder siendo apenas un bebé?, ¿Estamos acaso ante el ser más poderoso de todos los tiempos de la Galaxia?, ¿Para qué lo quiere el Imperio?, ¿Puede llegar a explicarlos la fuerte conexión que tenía Yoda con el Lado Oscuro en muchas novelas de Star Wars?, ¿Cuántos años deberán pasar para que pueda dominar sus habilidades?, ¿Será el protagonista de una futura serie de películas?… Y nada de eso es al azar, no es algo que simplemente impactó en los fanáticos porque sí. Hay un misticismo intencionado por parte de los realizadores del show en que nos hagamos todas esas preguntas. Algo así como lo que intentaron hacer con el origen de Rey en la nueva trilogía de películas y que la puja Abrams-Johnson tiró por la borda.

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Incluso dentro de la propia serie, la identidad de Baby Yoda sienta interrogantes. A partir de su presencia, “Mando” deberá ir descubriendo el pasado de la saga y eso será algo que lo llevará indefectiblemente al relato de los Jedi, esos misteriosos “hechiceros” que mencionaba la herrera mandaloriana. Por lo que este personaje, que puede ser fácilmente prejuzgado como una simple plataforma para vender juguetes y figuras de colección, también puede ser la puerta a grandes revelaciones en la franquicia de Star Wars y a nuevos horizontes de un suculento conflicto en años por venir.

El Darksaber y lo que puede pasar en la segunda temporada

Al final de la primera temporada, descubrimos que Moff Gideon es el actual portador del Darksaber.

La primera temporada de The Mandalorian culmina con la victoria de Din, Cara y Greef en Nevarro. “Mando” y Baby Yoda parten hacia lo desconocido con el fin de encontrar su planeta y a su gente y, mientras todo parecía ser alegría, podemos ver que Moff Gideon todavía sigue con vida y no solo eso: ¡Tiene el Darksaber!… por ende, es muy probable que la trama de la segunda temporada, que llegará a Disney+ en los últimos meses de 2020, gire en torno a este enorme misterio que nos dejaron sus guionistas.

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Para quienes no estén familiarizados con las novelas o series animadas complementarias del universo de Star Wars y sólo hayan visto las películas, posiblemente ese sable de luz negro que vemos en la última secuencia no les diga demasiado. Sin embargo, la historia detrás de aquella arma es sumamente rica y atraviesa a muchas eras de la franquicia.

El recorrido del Darksaber comienza unos 1000 años antes de La Amenaza Fantasma, cuando Tarre Vizsla se convirtió en el primer humano mandaloriano en ser aceptado en la Orden Jedi y construyó este particular sable de luz con una hoja negra, delgada y que se asemeja mucho más a un cuchillo que a los que a las varas que normalmente vemos en Jedis y Siths. Siendo alguien tan destacado para su planeta natal Mandalore, se convierte en el primer Mand’alor, el líder supremo de los clanes mandalorianos, una posición que se mantiene, incluso, hasta los días del Imperio.

El sable de luz negro es el elemento más tradicional de la cultura mandaloriana. Quien lo porte, se convierte en su máximo líder.

En The Clone Wars, su descendiente Pre Vizsla la adquiere y se convierte en el líder mandaloriano, siendo también el jefe de la Death Watch (el mismo clan que vemos rescatar al pequeño Din Djarin en The Mandalorian). Hasta Darth Maul llega a conseguir eventualmente esa posición al hacerse con el sable. En tanto, en Rebels podemos ver a Bo-Katan portando la espada y asumiendo el título de Mand’alor.

En The Clone Wars, Pre Vizsla se enfrenta a Obi-Wan utilizando el Darksaber.

Si bien no tenemos indicios de qué sucedió con Bo-Katan o cómo el Darksaber llegó a manos de Moff Gideon, sí sabemos – gracias a la escena de Rogue One en la que Jyn Erso y Cassian Andor buscan los planos de la Estrella de la Muerte en los archivos de Scarif – que el Imperio conocía de la existencia de este objeto y estaba detrás de él desde hacía tiempo. Por lo que es sumamente esperable que un próximo encuentro entre “Mando” y Gideon, esta arma cobre una gran importancia. Posiblemente, el verdadero espíritu de la serie sea el camino de Din hacia conseguir el Darksaber y convertirse en el Mand’alor, el gran jefe del clan de guerreros más afamado de la Galaxia.

¿Qué espero ver en la continuidad de la serie?

Si Disney se propone una saga de Star Wars sin Jedis ni Siths, los Mandalorianos son una gran opción.

Personalmente, creo que el momento es propicio para que la franquicia de Star Wars se abra a esta nueva variedad de clanes. Como ya les dije en el análisis de The Rise of Skywalker, el tiempo de los Jedi y los Sith en la pantalla está llegando a su fin. Estamos frente a una nueva generación de fanáticos, que esperan ver algo distinto de la Guerra de las Galaxias. El desenlace de la historia de Rey nos mostró que Disney quiere otra dirección para futuras producciones y explorar personajes más ambiguos y no tan anclados a los valores de la justicia y el altruismo como una carga religiosa.

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Considero que los Mandalorianos pueden darle precisamente eso: tienen una mística que, aunque diferente a la de los Jedi, no se aleja demasiado del trasfondo de la historia madre. Hay hermandad en ellos, poseen un código y su explotación argumental puede ser muy amplia.

Por ello, sería algo muy acertado que las próximas temporadas de The Mandalorian exploren más sobre su cultura y su potencial. Que no quede simplemente en algunas referencias aleatorias o en ganchos incompletos. Que nos acompañe la Fuerza, como siempre, pero que también descubramos que el camino así es…

✅ Participá: ¿Qué te pareció The Mandalorian?

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Excelente. Esperaba ver esta clase de historias en Star Wars.
Buena. Tiene lo suyo, pero le hizo falta la esencia de la saga.
Un desastre. Por historias así, Star Wars cada vez está peor.

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