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El final de THE CLONE WARS: todo lo que amé y lo poco que odié de esta OBRA MAESTRA

El final de THE CLONE WARS: todo lo que amé y lo poco que odié de esta OBRA MAESTRA

La serie creada por Dave Filoni y George Lucas, que empezó a contarse allá por 2008, concluyó de manera notable. El cierre de la primera etapa de Ahsoka Tano en los caminos de la Fuerza dejó un sabor agridulce, balanceando la maestría de su contenido con el peso emocional de revivir la caída de la República y el nacimiento del Imperio. Y, aunque todo pareció ser goce para los fans, también hubo espacio para que Disney volviera a hacer de las suyas, reescribiendo conceptos originales de Star Wars. Todas mis apreciaciones, en esta nota…
La serie creada por Dave Filoni y George Lucas, que empezó a contarse allá por 2008, concluyó de manera notable. El cierre de la primera etapa de Ahsoka Tano en los caminos de la Fuerza dejó un sabor agridulce, balanceando la maestría de su contenido con el peso emocional de revivir la caída de la República y el nacimiento del Imperio. Y, aunque todo pareció ser goce para los fans, también hubo espacio para que Disney volviera a hacer de las suyas, reescribiendo conceptos originales de Star Wars. Todas mis apreciaciones, en esta nota…
Por Damián Herrera

Por Damián Herrera

Twitter: @damiherrera Instagram: @damiherrera91

Por Damián Herrera

Por Damián Herrera

Twitter: @damiherrera Instagram: @damiherrera91

Doce años después de que las aventuras de Ahsoka Tano comenzaran como la recién llegada aprendiz Padawan de Anakin Skywalker en aquel especial cinematográfico, del que devendrían siete temporadas que nos regalaron infinidades de visiones sobre el Universo de Star Wars, The Clone Wars llegó a su fin en este 2020.

Con un tono y un brote emocional que poco se relacionó con lo anterior visto, pero que supo transmitir la crueldad de los acontecimientos de uno de los momentos históricos más importantes en la línea de tiempo de la franquicia, George Lucas y Dave Filoni nos regalaron un contenido con el pleno espíritu de la saga. En el que, finalmente, nos encontramos con el desencadenante definitivo para que la guerrera togruta se alejara de la Orden Jedi para siempre.

No obstante, si bien en su inmensa mayoría la conclusión de los eventos – y la manera en la que se entrelazaron con los hechos de La Venganza de los Sith (2005) – son absolutamente satisfactorios, también pude encontrarme, en el cierre de esta séptima y última temporada, con algunas situaciones que me generaron algo de incertidumbre o que, deliberadamente, no me gustaron en lo más mínimo. Pero voy a dejar eso para el final, y voy a comenzar con todo lo que el final de The Clone Wars hizo bien…

LA DIVISIÓN DE LOS ARCOS Y LA NARRATIVA PROPIA DE CADA UNO

En primer lugar, considero que uno de los mayores aciertos fue el de dividir a los últimos doce episodios en tres arcos argumentales que, si bien respetaban una coherencia, también funcionaban individualmente con propósitos distintos. Y ya desde el primero de ellos, esta temporada comenzó a demostrarnos que todo lo que iba a dejar sería realmente intenso para los fans.

La trama del Lote Malo y del rescate de Echo de las garras de la Tecno Unión y del Almirante Trench no tiene desperdicio alguno. Refleja una total continuidad entre esta última temporada y los anteriores volúmenes de The Clone Wars, con guiños a un montón de otros momentos. Vuelve a focalizar el relato en los elementos más efímeros de la guerra, los soldados, y eso le da un aire muy propio de la serie al desenlace.

Por otra parte, teniendo la premisa de que los últimos episodios iban a reflejar la caída de la República y los acontecimientos del Episodio III, fue algo muy bien insertado ver a Anakin liquidando a sangre fría a Trench para asegurar la victoria en Anaxes. Tan bien añadido como luego lo sería el momento emotivo en el que Rex se despide de su amigo Echo, dejándolo así sumarse a la Fuerza Clon 99.

El segundo arco de la última temporada, a pesar de que fue el más liviano de los tres y el que por ahí resultó un poco menos atractivo, es una escala totalmente necesaria para entender el contexto de lo que sucedería poco después. Las desopilantes aventuras de Ahsoka y sus nuevas amigas, Trace y Rafa Martez, con quienes se embarca a una misión de tráfico de especias a Oba Diah, traen nuevamente esa frescura propia de momentos más “alegres” de la serie. Nos proponen encontrarnos con el momento inmediatamente posterior a la partida de la guerrera togruta luego de su salida de la Orden Jedi, en el final de la quinta temporada, y nos muestran que – aunque huyera de su doctrina – nunca lo hizo de los valores de una protectora de la paz y la justicia en la Galaxia.

Por otra parte, la aparición de Bo-Katan Kryze y su séquito de guerreras mandalorianas, después de que Ahsoka y sus amigas resolvieran su conflicto con los Pikes y la ex Padawan descubriera la conspiración de la que formaba parte Maul y el Alba Escarlata, es la entrada ideal para el cuarteto de episodios finales. Cumple su función de ponerla nuevamente en su camino de luchar por la libertad y el bienestar de los demás y por todo aquello que representa, moralmente, la senda Jedi.

Y si bien todo este preludio del conflicto final es muy bueno y está muy bien introducido con la interacción de los dos primeros arcos, lo cierto es que la verdadera joya de esta temporada final son sus últimos cuatro episodios. Que, incluso, puede que hasta lleguen a ser completamente disfrutables incluso para para aquellos fans de Star Wars que no hayan sido seguidores fieles de la saga en temporadas anteriores ni tampoco tengan el deseo de ver los primeros ocho capítulos de esta. Ya que el salto de calidad hacia este póker conclusivo es tan grande en montones de aspectos, que hasta su coherencia es de plano cinematográfica. Es, prácticamente, un episodio más de la saga y un tie-in sensacional para el Episodio III.

EL FINAL QUE TODOS ESPERABAMOS Y AÚN ASÍ NOS SORPRENDIÓ

Creo que lo que más destaco de esos últimos cuatro episodios de The Clone Wars es justamente el hecho de estén en perfecta sintonía con La Venganza de los Sith. Cada momento, cada pasaje, cada reconstrucción de los diálogos que se dan en estos capítulos me llevaron nuevamente al espíritu oscuro y de derrumbe emocional del film de 2005. Con este desenlace, sentí que volvía a mi adolescencia y nuevamente recrudecían en mí las sensaciones encontradas con la caída de Anakin al Lado Oscuro y el levantamiento de Darth Sidious y su Imperio.

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Todo lo que se da en “Old Friends Not Forgotten”, “The Phantom Apprentice”, “Shattered” y “Victory and Death” es el final de las precuelas en estado puro, profundizado – obviamente – desde la visión de Ahsoka Tano. Y que nos lleva a apreciar de un modo muy, muy distinto lo que sabemos del personaje en acontecimientos posteriores. Aquel chocante enfrentamiento entre la togruta y Darth Vader en el final de la segunda temporada de Rebels ahora cobra un sentido completamente diferente, muchísimo más intenso y hasta más triste, gracias a este desenlace. Como también, enaltecerá la participación del personaje (ya siendo interpretado por Rosario Dawson) en la segunda temporada de The Mandalorian.

Pero, volviendo al tema… Los últimos cuatro capítulos de The Clone Wars tienen una estética asombrosa. Cinemáticas que empardan con casi cualquier producción clase A no sólo de Star Wars, sino del cine de ciencia ficción en general. Y la historia que se narra a través de ella tiene el sello inconfundible de George Lucas y Dave Filoni, quienes se hicieron cargo especialmente de estos últimos episodios.

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El final nos regala momentos únicos y que serán muy difícilmente equiparados con futuros contenidos. Entre ellos, podemos contar al diálogo final entre Ahsoka y su antiguo maestro Anakin, en el que – aun sin haber sido absorbido por el Lado Oscuro de la Fuerza – él le devuelve sus sables de luz, rediseñados para parecerse aún más a los suyos. Sin embargo, aquella circunstancia no es la única que se queda entre los puntos más altos, ya que tenemos un duelo increíble entre la ex Padawan y Maul en el salón del trono de Mandalore y el candor de una cruda batalla alterna a la Guerra de los Clones entre los mandalorianos leales a Maul y la resistencia de aquel planeta (a los que se suman los miembros de la Unidad 501, con sus increíbles cascos en honor a Ahsoka).

EL PESO DE LA CAÍDA DE LA REPÚBLICA EN EL CONTEXTO DE THE CLONE WARS

Aunque, como era algo totalmente lógico, los momentos de mayor emotividad iban a darse cronológicamente tras la conversión de Anakin al Lado Oscuro. Me gustó mucho que utilizaran las voces originales (en la versión original, en inglés) de La Venganza de los Sith en el momento en el que tanto Ahsoka como Maul (quien ya había sido aprehendido en Mandalore e iba de camino a Coruscant para ser juzgado) pueden sentir abruptamente el instante en el que Mace Windu es derrotado en el despacho de Palpatine y el ascenso de Darth Vader es consagrado por las palabras del propio Sidious. Así también, la épica de los planos, las caracterizaciones de desesperación de los personajes, el sufrimiento de Rex y el inmenso dolor que asecha a Ahsoka – que, si bien no sabe exactamente qué es lo que está pasando, pero puede sentir el fin de la República – luego de que se promulgara la Orden 66 y todo clon quedara atado al cumplimiento de la tarea de eliminar a todos los Jedi y a quienes los ayudaran.

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Los momentos de cierre del episodio final, con Ahsoka enterrando no solo a sus compañeros de siempre, los clones de la 501 (que, hasta momentos atrás, habían intentado matarla) calan muy hondo en el corazón de todo fanático. No solo porque la togruta hace honor a los guerreros caídos, sino porque sepulta junto con ellos todo vestigio de un posible regreso al camino de los Jedi (independientemente de que en ese momento ella no sabía que la Orden desaparecería para siempre).

Quizás, en tiempos menos oscuros de la historia de la República, ella hubiese sido la más destacada de los miembros de la Orden. No obstante, el hecho de que le tocara formarse durante la Guerra de los Clones y haber visto el modo en el que el Consejo y muchos Jedi abandonaron una gran cantidad de valores que defendían para convertirse en eslabones de la violencia, la llevaron a esta radical decisión. Una decisión que va muy de la mano con la conclusión de las precuelas, en la que vemos el ocaso de los guardianes de la paz y la justicia en la República.

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Igual, creo que no podría haber existido una mejor manera de concluir los acontecimientos de esta serie que esa postal final de Darth Vader, varios meses (como mínimo) después de haber sido derrotado en Mustafar por Obi-Wan y que su cuerpo fuera reconstruido en el del oscuro ser de la Trilogía Original, recogiendo el sable de luz de Ahsoka y alejándose del lugar mientras su reflejo podía verse en uno de los cascos de los clones caídos. Ese último nexo con su personalidad de Anakin, en el que siente un vacío por la supuesta muerte de su antigua aprendiz, fue sencillamente colosal. Porque, a partir de él, ahora Vader ya no tendría más lazos con su humanidad. Pudiendo, así, abocarse completamente al desarrollo del Lado Oscuro y a la cacería de los últimos Jedi que quedaran dando vueltas por la Galaxia.

EL MOMENTO QUE ME BORRÓ LA SONRISA… UN POCO: LA RETCON INNECESARIA

El único detalle de todo este final de The Clone Wars que, enfáticamente, no me gustó para nada – bueno, en realidad son dos detalles, pero que se desprenden de la misma secuencia – fue la resigficación de la Orden 66 dentro del Universo de Star Wars. Si bien es cierto que el concepto que teníamos de ella actualmente venía tanto de lo visto en las películas como del viejo canon de Legends (en todas las notas, les digo lo mismo: para mí será siempre Universo Expandido, je), el primer acercamiento serio que tiene a ella esta nueva continuidad bajo el ala de Disney no me agradó y creo que fue en completo detrimento con el espíritu mismo de La Venganza de los Sith y de todo el sentido con el que George Lucas dotó a la historia original.

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Para empezar, podemos ver que, al pronunciarse la Orden 66, se ejecuta un protocolo en la mente programada de los clones, que – incluso, contra su voluntad – los pone al servicio de Palpatine en la cacería de todos los Jedi y de cualquier otro militar o civil que los ayudase (lo cual también es nuevo, pero con eso no tengo ningún drama). Esto hace que el espíritu del engaño del señor de los Sith, llevando a toda la Galaxia en contra de la Orden Jedi con estratagemas políticas, discursivas, dentro de un contexto social que el mismo construyó con su ascenso al poder, ahora se viera simplificado a, sencillamente, un chip que plantaron en la cabeza de los clones para que terminaran siguiendo una orden puntual sin cuestionarla.

Eso no podría estar más alejado de la visión de George Lucas, que planteó los acontecimientos de la Guerra de los Clones, secretamente orquestada por Sidious, para que los Jedi se vieran como los enemigos de la República en el ideal de la opinión pública de un modo orgánico. El chiste era el engaño, ya que – a fines prácticos – los Jedi sí habían intentado derrocar al Canciller Supremo de su poder, atentando contra el Senado. Para todos los ciudadanos de la Galaxia (que obviamente no vieron las películas de Star Wars y no sabían que Palpatine era, en realidad, un Sith y que los Jedi también habían sido engañados y expuestos injustamente), los Jedi sí habían intentado dar un golpe de Estado y, por ello, el apoyo a la creación del Imperio había sido tan fervientemente aclamada en el Senado. ¿O qué pensaba Disney?… ¿Que un centenar de sistemas, solo porque sí, iban a aplaudir a un Sith tirano que – de la noche a la mañana – se le ocurría reorganizar la República para que todos perdieran sus libertades?

Y, de hecho, esto también modifica otro de los grandes vínculos entre las sagas originales, dentro del Universo Expandido. Y es que, en esa continuidad, había muchos clones que se oponían a la Orden 66 por tener un vínculo especial con sus generales. Y eso posibilitaba que los vestigios de los Jedi que lograban escapar a la Orden 66 impulsaran de cierto modo el nacimiento de la Alianza Rebelde que veríamos en la Trilogía Original. Por ende, la libertad simplificadora que se tomaron en este final trastoca demasiado a eventos muy troncales de la saga y cambia negativamente su significado.

La segunda cuestión sumamente negativa que encuentro de este nuevo panorama es que, al establecer comunicación con el hasta entonces Canciller Supremo para recibir la Orden 66, Rex lo llama “Darth Sidious”, revelando así que todos los clones (o, como mínimo, los de alto rango) sabían que había un Lord Sith detrás de todos los acontecimientos de la guerra. Y eso sí que es ya no sólo una incongruencia muy fuerte, sino un completo absurdo. Porque quiere decir que todo vínculo que las unidades clon tuvieron con Anakin, Obi-Wan, Ahsoka y todos los demás Jedi durante la Guerra de los Clones fueron completamente falsos. Que ellos no eran más que marionetas al servicio del Lado Oscuro, que llevaban adelante acciones pura y exclusivamente con el fin de engañar a sus generales. Acá, ya no solo estamos modificando el espíritu de la saga en general, sino de toda la serie de The Clone Wars en específico.

Y esto me trae nuevamente a colación a ese terrible sinsentido del que hablé en la review de El Ascenso de Skywalker de que toda la milicia de la Resistencia conociera a los Sith en la trilogía de Disney. Y es, en estos puntos, en los que personalmente creo que la Compañía del Ratón no solo no tiene cariño por la obra de George Lucas, sino que tampoco la entiende. O por lo menos no al concepto de los Sith.

Hay una razón por la cual el Episodio I se titula “LA AMENAZA FANTASMA”, o por la cual al Episodio III su creador le puso “LA VENGANZA DE LOS SITH. Y es que en ellas se puede apreciar toda la impronta de los mortales enemigos de los Jedi y de cómo su culto consiste en actuar bajo las sombras, hasta hundir todo lo que los Jedi amaban. Hay un contexto por el cual no tenemos mención de los Sith en la Trilogía Original y no es que George Lucas todavía no los había inventado. El triunfo de ellos en el final de las precuelas y su poderío posterior en la Galaxia es silencioso y enmascarado en un triunfo más político, más que simplemente imponiendo el Lado Oscuro sobre el Luminoso.

Y me molesta y me duele que detrás de una determinación así tenga que aparecer el nombre de Dave Filoni. Porque, así como Padmé sabía que Anakin todavía había bondad, yo sé que Filoni fue todo un Padawan de George Lucas, hoy es el mejor Caballero de la saga y se convertirá en el legítimo Gran Maestro de ella una vez que Lucas decida dar, definitivamente, un paso al costado. Sé que el reconoce la visión del creador de la franquicia y que respeta sus valores y pensamientos. Y eso me lleva a pensar que no existe realmente una libertad creativa en el mundo Star Wars de la mano de Disney.

CONCLUSIÓN

El final de The Clone Wars me encantó. Me transmitió sensaciones como ninguna otra producción lo hizo desde que la franquicia cambió de mano. Aunque muchas de las cosas de The Rise of Skywalker me emocionaron fuertemente y también disfruté una infinidad de The Mandalorian, considero que el cierre de esta serie está a otro nivel desde lo que me aportó como un fan de Star Wars. Sin embargo, no puedo obviar la irregularidad en este desenlace que les planteé anteriormente. Creo que incide negativamente sobre algo que pudo haber sido completamente perfecto – al menos desde mi propio punto de vista, sumamente subjetivo – sin la inclusión de esos nuevos conceptos.

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Aplaudo el trabajo de conexión que se hizo con el único contenido transversal que le quedaba a la franquicia de Star Wars (vale recordar que The Clone Wars empezó en la era del Universo Expandido y acabó en el tiempo del Canon de Disney). Detalles como la aparición de Kessel o la mención de Saw Guerrera fortalecieron el vínculo de esta última temporada con las diferentes producciones modernas que quedan fuera de la órbita de las películas de la Saga Skywalker. Obviamente, que la importancia narrativa de este final de Ahsoka y su lealtad con Bo-Katan también es una clara invitación a verlas reunidas nuevamente en la segunda temporada de The Mandalorian.

Por lo pronto, con estos últimos capítulos se cerró una de las mejores etapas en la historia de Star Wars y una fuente inagotable de relatos emocionantes como fue la explotación de la Guerra de los Clones. Quizás, algún día regresemos a este épico momento del universo de la franquicia con algún otro formato audiovisual o seguirá siendo desarrollado desde lo literario. El foco, en lo inmediato, pasará a nuevos conceptos como High Republic, en los que se desarrollarán nuevas historias y surgirán nuevos ídolos y fanáticos.

Sin embargo, todos los que nos sentimos intensamente ligados emocionalmente a las precuelas y a este nicho de que fue la Guerra de los Clones siempre recordaremos este final de The Clone Wars como algo que nos partió el corazón, pero que también nos alegró. Que se consagró como una auténtica obra maestra para todo aquel que ama la Galaxia muy, muy lejana. Una pieza que, a pesar de que puedan encontrarse inconsistencias en ellas, nos deja una sola idea clara en nuestras mentes y corazones de Jedi (o de Sith, no los juzgo): ¡Qué hermoso es ser fan de Star Wars!

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